Durante mucho tiempo creí que lo que me pasaba era culpa mía.
Que llorar demasiado, querer desaparecer y no saber quién era, era señal de debilidad.
Mi Luna en Agua me desbordaba y yo no tenía herramientas para navegarla.
Así que aprendí a esconderla. A polarizarme a mi Marte y a mi Mercurio en Tierra.
Pasé a ser la buena, la fuerte, la eficiente.
Subí todos los escalones corporativos que se suponía que tenía que subir.
Desde fuera: éxito. Por dentro: ruina.
Sentía la contradicción por dentro, el tironeo constante, pero no tenía el lenguaje para nombrar la herida.
Vendí mi alma al mundo corporativo durante 15 años. Tras varios años en banca, terminé como directora ejecutiva en una empresa. Mi ambición de Tierra me llevó a la cima, pero sin un Fuego con propósito real, el éxito se sentía como ceniza. Tenía el sueldo, el traje y el estatus. Y un vacío interior que ninguna cifra podía llenar.
El universo primero te susurra. Si no escuchas, te grita. Y a menudo, grita a través del cuerpo. En mi gran crisis de los 40, la sacudida eléctrica de Urano en tránsito me pedía un cambio radical. Yo entendí que tenía que huir y me fui al otro lado del mundo. Pero la lección era más profunda: no se trataba de cambiar de lugar, sino de sanar mis raíces. El universo me lo dejó claro con un cáncer de mama (la herida directa a la raíz, al linaje). Mi Tierra me estaba pidiendo volver a casa, no buscar una nueva.
Creía que la sanación estaba en huir. Con un Aire sin rumbo, me llené de planes de escape. Lo dejé todo para recorrer Asia con una mochila y México en una furgoneta, empoderando a otras mujeres mientras yo seguía escapando de mí misma, incapaz de echar raíces.
La astrología y el arte no llegaron como un hobby. Llegaron como un kit de primeros auxilios en medio del mayor naufragio de mi vida. Fue a través de ellos que entendí mi propio mapa: que mi Luna no era debilidad, sino un superpoder sin brújula. No buscaba una profesión, buscaba sobrevivir. Y me encontré a mí.
Te lo cuento porque sé lo que es sentirse rota por dentro, vivir con tus elementos en guerra y no saber por dónde empezar.
Conozco el agotamiento de intentar encajar en un molde que te asfixia. Y sé, desde la cicatriz (literal), que la única salida es hacia adentro.
Astroterapia Creativa nació de mis ruinas, no de mis logros.
Por eso está viva.
Por eso funciona.
Porque no te ofrezco teoría. Te ofrezco un mapa que yo misma he tenido que aprender a leer para no perderme.
Si algo de mi historia resuena en la tuya, no es casualidad.
Es tu alma diciéndote que es el momento de empezar a escucharte.
No tienes que seguir sosteniéndolo todo sola. De verdad que no.